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Madurez y fidelidad… ¿en qué punto estás?

Las empresas, analizadas desde su comportamiento no solo económico, sino también social, poseen un claro paralelismos con las personas, es decir, nacen fruto del deseo de sus padres, crecen, se relacionan en el entorno en el que operan, nutriéndose de los resultados de su actividad y en numerosas ocasiones se reproducen, generando entornos de los que surgen nuevas oportunidades de negocio y como resultado nuevas empresas, fusiones y colaboraciones entre las ya existentes.

Podemos decir, que la empresa, al igual que los seres humanos, es el resultado de las transformaciones que la ha adaptado en cada momento a sobrevivir en su entorno.

Desde su nacimiento, crece, iniciando su actividad mediante la búsqueda de clientes. Cual joven que comienza a transformar su físico, la empresa alcanza también su adolescencia donde su posicionamiento se hace más deseado dentro del proceso de relación empresarial, y al igual que el muchacho que necesita de la financiación paterna, el apalancamiento, siempre en su correcta medida, es la clave en el proceso de embellecimiento empresarial.

Pasada la adolescencia, la estabilidad llega a los negocios, donde las estrategias balancean el riesgo y la seguridad mientras que los años transcurren y la marca se consolida, y pese a que los seres vivos tenemos nuestro último día, siempre contaremos con el Reino de los Cielos, y la vida eterna, siguiendo el principio contable de empresa en funcionamiento.

¿Y la fidelidad?… ¿Los clientes deben o no ser fieles a sus relaciones comerciales?

La fidelidad empresarial posee también sus ciclos. En cada etapa podemos ver cómo a medida que la empresa crece y se consolida, las relaciones comerciales pasan de un flirteo a cooperaciones más intensas.

Toda empresa adolescente crece mediante una base de clientes esporádicos, marcada por estrategias de precios, infieles por naturaleza, tratando de buscar su pareja estable, esa cuenta que un día pasa a formar parte de la cartera de clientes, que por su dimensión y belleza intenta fidelizar, y una vez conseguida, los esfuerzos y la entrega por ella son incesantes.

Pasada esta etapa, las empresas ya adultas tienden a formalizar los lazos, estableciendo acuerdos marcos de cooperación o partnerships, y cual matrimonio, está lleno de mutuas alegrías a cambio de ciertas concesiones, y entre ambas enriquecen la relación. En ocasiones, la ruptura de este matrimonio por infidelidad, vienen acompañadas de verdaderos dramas, donde pueden llegar a verse implicados los hijos (filiales) o el resto de la cartera de clientes (amigos).

En general, el paralelismo al ser humano es evidente, y la fidelidad, como en el amor, puede ser maravillosa, pero su presencia o ausencia, siempre tiene un coste.

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